El sábado 23 de febrero de 2008 Nicolás Sarkozy, actual presidente de Francia, volvió a los titulares de los principales diarios por insultar a un ciudadano francés que se negó a recibir su saludo durante la visita del primer mandatario a la feria anual de agricultura de París. Este nuevo exabrupto fue registrado en video por otro visitante y subido al sitio del diario Le parisien donde, en menos de un día, ya había sido visualizado más de 700.000 veces. La polémica resonó en Francia, asi como en otros países, donde los traductores se esmeraron en reproducir el incidente con la mayor fidelidad. Al fin y al cabo, como reflexionara el negro Fontanarrosa en el III Congreso Internacional de la Lengua Española hay malas palabras que son irremplazables “..por sonoridad, por fuerza, y algunas incluso por contextura física.”
El incidente
Tal como se menciona en la edición de Clarín del lunes 25 de febrero, Sarkozy avanzaba por un corredor de la feria de agricultura parisiene saludando gente a la manera de los ídolos deportivos cuando le estrechó la mano a un hombre que reaccionó pidiéndole que no lo tocara porque de esa manera lo ensuciaba. El Presidente galo sacó a relucir sus plumas unas vez más y respondió el gesto con un insulto sin saber que estaba siendo filmado. Al poco tiempo el video era subido por el portal de internet del diario francés Le Parisien (otro medio que usufructúa la nueva joya del mercado informativo denominada periodismo ciudadano) y la polémica ya corría por la red.
Una más y van
Tal como se menciona anteriormente, esta no es la primera vez que el presidente francés se ve envuelto en una controversia producto de sus desafortunadas intervenciones. Sin ser un pez, su boca parece jugarle malas pasadas con bastante frecuencia. En 2005, sus expresiones xenófobas contra los habitantes de la periferia parisina despertaron la bronca generalizada de gran parte de la población francesa descendiente de inmigrantes que procedieron a la quema masiva de autos. El entonces ministro del interior había dicho en alusión a ellos: “Vamos a limpiar nuestro país de la escoria de los suburbios”. Ese año fueron quemados más de 45.000 autos en toda Francia, una práctica que se repite alternativamente hasta la actualidad cada vez que se produce un nuevo episodio de xenofobia (ya sea por exceso policial o por una medida política) . Ese comentario lo enfrentó con varios referentes deportivos y musicales que salieron a responderle sin menguar, no obstante, su ascenso político. Durante 2007, las quemas de autos, los paros de transporte y los reclamos estudiantiles también tuvieron que ceder espacio en los periódicos a su beoda participación en la reunión del Grupo de los 8.
Reflexión final
Al margen del personaje que motiva este post, la inclusión de los insultos en los medios de comunicación masivos ha sido siempre un objeto de controversia. Retomando el discurso del célebre dibujante y escritor Roberto Fontanarrosa en el Congreso de la Lengua Española, vale decir que las malas palabras han corrido una suerte tan contraria como el adjetivo que las antecede. El negro insistía en que referir a todas ellas como meros insultos, no hace más que menospreciarlas y olvidar los matices inherentes a cada expresión.
Lo mismo parecieron pensar los editores de los cientos de diarios en todo el mundo que reprodujeron el incidente de Sarkozy en sus páginas y procuraron adaptar el improperio a su propio idioma (o jerga propia del país), resultando de una breve búsqueda digital, las siguientes analogías que rápidamente deberían pasar a completar los diccionarios francés-español de cada región:
“Casse-toi. Casse-toi alors, pauvre con!” (insulto en idioma original de Nicolas Sarkozy)
Traducción:
- “Rajá, pobre pelotudo” (Clarín, Argentina)
- “Entonces, salí de acá, pobre boludo”(La Nación, Argentina)
- “Lárgate, pobre huevón” (Diario La Nación, Chile)
- “Piérdete, pobre imbecil”(Cadena Global, Venezuela)
- “¡Pírate, pobre gilipollasl!” (Diario El País, España)
De esta forma, lo que caracteriza al francés como un con, se correspondería con el huevón chileno, el gilipollas español o el imbecil venezolano. Los argentinos, complicados como nos reconocemos, aun debemos encontrar el espacio para debatir acerca de las sutiles diferencias que hacen al boludo y al pelotudo, en una discusión que exceda la superficial diferencia entre bolas y pelotas.
En la presentación del negro se pedía una amnistía para estas palabrotas y su incorporación al buen lenguaje cotidiano. Quizás esta ocurrencia no solo permita salvarnos de una fuerte represión de infancia (aunque deje varios psicólogos desempleados), sino también contribuya a un mejor entendimiento global.
PD: Para un diccionario más o menos completo de improperios en uruguayo escuchar el tema Zanguango, de Leo Masliah.
