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Archive for the ‘Colaboraciones’ Category

El mundo gira. En él se mueven 7.000 millones de personas distribuidas en 193 países. Éstas nacen, estudian, trabajan, hacen guerras, sufren terremotos, tienen accidentes, matan y mueren. Algunos pueden hacer más y otros menos. Unos pocos de ellos eligen contar lo que hacen los demás al momento en que sucede, porque el mundo no se detiene. Aquellos que eligen hacerlo más allá de las fronteras son los periodistas de Internacionales. A través suyo nos enteramos acerca de esa entelequia inimaginable conformada por 6.960 millones de personas distribuidas en 192 países que denominamos “resto del mundo”. Para incluirlo en unas pocas páginas deben elegir diariamente lo más relevante. ¿Qué criterios utilizan? ¿Cómo se produce la información que nos llega del exterior? ¿Cuál es el mundo para la prensa gráfica nacional?

Para responder a estos interrogantes Diario sobre Diarios (DsD) entrevistó a los responsables de las secciones de Internacionales de Clarín, La Nación, Página/12, Ámbito Financiero, El Cronista y Perfil. Sus palabras son, en la mayoría de los casos, el único contacto con el exterior para miles de personas que buscan informarse. A más de 30 años de los primeros estudios de agenda setting, las preguntas que indagan acerca de la influencia de los medios masivos en la conformación de la agenda pública siguen vigentes. Esos trabajos demostraron que si hay un área en que los medios de comunicación son decisivos en la conformación de la opinión pública es la referida a noticias internacionales.

“Durante el día la gente se puede enterar de lo que pasa afuera por la web o por un flash informativo de la tele (si la noticia tiene imágenes lindas). Pero si le interesa una visión en profundidad, quiere entender de qué se trata el conflicto, recurre a la sección de Internacionales de la edición de papel del día siguiente”, introduce Paula Lugones, jefa adjunta de la sección El Mundo en Clarín. En su opinión, la relevancia del medio en el que trabaja no se limita a la incidencia directa sobre sus lectores: “Si la guerra en Libia sale de primer título en el diario, más tarde los noticieros y el resto de las puntocom van a estar hablando de eso como tema importante”.

Esa responsabilidad que adquieren los periodistas especializados cobra mayor dimensión si se considera un área de cobertura tan amplia como es posible. “Tenés que hacer la selección de la información de todo lo que pasa en el mundo. Ahí tenés que saber qué es lo más importante” explica María Oliva, jefa de Internacionales en El Cronista. “La información que uno recibe es abrumadora. Tu trabajo es ver entre todo eso qué le interesa al lector de tu diario”, completa Gail Scriven, a cargo de la sección Exterior del diario La Nación. ¿Cuáles son entonces los temas elegidos?

La vuelta al mundo en seis diarios

“Golpes de Estado, guerras, revoluciones, elecciones”, son las primeras palabras que Santiago O´Donnell, jefe de la sección El Mundo de Página/12, enumera al mencionar las noticias principales que le tocan cubrir. “Política internacional, más catástrofes, más tendencias sociales o socioculturales”, es el cálculo que presenta Lugones. “Todo lo que tenga que ver con ‘lo político’-sintetiza Scriven-. Aunque cada vez más abarcamos también algunas cosas de Información General”.

Marcelo Falak, jefe de Internacionales en Ámbito Financiero, coincide con el temario marcado por sus colegas, aunque resalta que desde su sección se privilegia siempre un ángulo “de negocios”. Idéntico panorama describe el ejemplo presentado por María Oliva: “Si tenemos que informar acerca de la situación en Japón después del terremoto, vamos a tratar de encontrar ‘el costo de la reconstrucción’; o enfocar en cómo las empresas constructoras van a ser necesarias para el resurgimiento del país”.

El diario Perfil cierra el hexágono de diarios consultados. Allí, según Rodrigo Lloret, editor de Internacionales, la agenda comparte los temas ya señalados aunque por publicarse solamente los fines de semana tratan de privilegiar una mayor proporción de notas de análisis y la producción de suplementos especiales cuando la situación lo amerita.

Puntos de vista propios

“Es una sección atípica porque trabajás fundamentalmente con lo que pasa en el afuera y muchas veces con cables, cosa que frecuentemente la gente menosprecia”, remarca María Oliva. “Ahí me parece que hay un desconocimiento de lo que es la tarea –agrega Marcelo Falak- porque sobre todo en secciones chicas, la agencia de noticias es la fuente primordial de información. Pero hay algo que es muy importante, y que te lo van dando los años, que es el conocimiento de los temas. Es muchísimo el material que yo descarto porque me parece erróneo, desenfocado y no lo utilizo. Por eso digo que nuestro trabajo es menos de calle, más de edición y de análisis”.

“Nosotros tratamos de mantener la política del enviado especial incluso en momentos de crisis. Nos parece que es un gran plus porque cuenta las cosas como nosotros queremos y no a través de una agencia que tiene un lenguaje mucho más neutral”, enfatiza Paula Lugones a más de diez mil kilómetros del jefe de su sección, Marcelo Cantelmi, que al momento de recabar información para esta nota se encontraba cubriendo el conflicto en Libia. De esta manera incorpora una variable de las coberturas no mencionada hasta el momento: los recursos disponibles.

“Los hechos importantes los tratamos de cubrir siempre en el terreno. En segunda instancia, si no podemos llegar por alguna razón, ahí nos contentamos con un stringer”, explica Scriven aludiendo de este modo al colaborador desde el extranjero. La sección que dirige es la única que se presenta en la página 2 de los diarios nacionales: “La Nación te transmite que es un diario que mira al mundo y eso lo ves apenas abrís”.

“Lógicamente el corresponsal puede tener un conocimiento más acabado. Pero eso no impide que yo pueda hablar de los procesos más macro desde acá”, distingue Lloret. “Hoy con las redes sociales, internet y lo que se tiene al alcance del mouse, uno puede cubrir muy bien un trabajo periodístico”, analiza el jefe de sección en Perfil.

La mirada del otro

Muchas veces la lejanía goegráfica permite mejores coberturas, señala Sebastián Lacunza en su artículo“El periodismo de afuera” incluido en el libro “El periodismo urgente”. Los ejemplos que sustentan la afirmación del periodista de Ámbito Financiero remiten a los artículos publicados en los medios norteamericanos los meses siguientes al 11 de septiembre de 2001 y en los españoles tras los atentados contra los trenes en Madrid del 11 de marzo de 2004. En ambas circunstancias, las informaciones producidas en el extranjero fueron más certeras que las generadas en el lugar.

Esta situación puede explicarse, según el autor, porque “los periodistas de internacionales, cuentan muchas veces con un margen de libertad algo más amplio que el que rige en otras secciones relevantes de un medio escrito”.

Lugones convalida esta afirmación con su experiencia: “Nosotros no sentimos ningún tipo de presión. Lo que podemos recibir son llamadas de embajadas de distintos países que no están de acuerdo con lo que publicamos. Pero obviamente cada cual trata de llevar agua para su molino”.

Falak, con casi veinte años de trabajo en la sección, pone el tema en la balanza: “Si bien el periodismo internacional te pone en un lugar más frío o de menor exposición respecto de otros colegas, también tiene una gran ventaja que es que no está sometido a un permanente escrutinio sobre cuestiones polémicas y sensibles. Porque aún si lo estuviera, bueno… igual uno está hablando de Libia”.

¿Qué se jerarquiza?

“Se sabe de memoria que no es lo mismo una muerte en Uruguay que mil en África”, resume sin anestesia Santiago O´Donnell. Esta máxima nunca escrita del periodismo se corporiza diariamente en las páginas de todos los medios gráficos.

“Siempre se van a mirar más aquellos países que tengan alguna incidencia en la Argentina. Obviamente le vamos a prestar atención a todo lo que suceda en Estados Unidos porque se trata de la primera potencia mundial. Lo que pueda suceder en Latinoamerica también, por una cuestión de cercanía geográfica y por las relaciones comerciales que hay entre los países que integran el Mercosur. Después se verá a lo que pase en Europa, especialmente España o Italia”, completa María Oliva, que redactó sus primeros artículos de internacionales en el viejo Tiempo Argentino.

La jerarquización que menciona Oliva coincide mayoritariamente con la que brinda el resto de los periodistas entrevistados. La contracara son los países que quedan afuera de la página del diario.Marcela Pizarro, Profesora de la Facultad de Comunicación en la Universidad Austral, ilustra esta situación en su tesis de doctorado en la que analiza todos los artículos publicados por la sección de internacionales en Clarín y La Nación entre 1980 y 1998.

Allí releva a los países protagonistas de las noticias y los agrupa por continente. El resultado, expresado como porcentaje de la totalidad de notas, señala cuáles fueron las regiones con mayor y menor “visibilidad” para esos diarios:

1. América Latina 30.4
2. América del Norte 19.7
3. Europa occidental 17.6
4. Europa central y del este 13.2
5. Medio Oriente 9.9
6. Asia-Pacífico 5.6
7. África 3.6

“El espacio en nuestra sección es de papel y no de goma”, argumenta Paula Lugones. “A veces hay matanzas en Costa de Marfil o guerra civil en Sierra Leona que no hemos cubierto tanto como merecerían. Pero es difícil ‘vender’ un tema que resulta tan lejano no solo por cuestiones geográficas, sino también por cuestiones culturales”, finaliza la periodista de Clarín.

“Si fuese por mi le dedicaría todo el diario -duplica la apuesta Scriven- porque hay un montón de temas de África que pueden pasar meses y no hay oportunidad de publicarlos o tenés que encontrar la forma de que el lector argentino se informe de eso sin que se aburra”.

Discursos y recursos

“El mundo no es un lugar aburrido, no dejes que tu lectura lo sea”, advierte sugestivamente el anuncio publicitario de la revista especializada norteamericana Foreign Policy (Política exterior). En su página web conviven artículos de análisis históricos y económicos con otros como “Malas políticas, peor prosa: por qué los tiranos escriben tan malas escenas sexuales”, una nota que repasa las obras literarias de seis dictadores de Medio Oriente, Asia y Europa.

“Para mi es la mejor revista de política internacional del mundo. Porque logran hacer periodismo de temas complejos y de manera interesante”, subraya Rodrigo Lloret. “Yo trato de replicar esa lógica porque lo que escriba lo tiene que entender todo el mundo. Hay que dar información que tiene un montón de bagaje histórico, de procesos largos y complejos, pero hacerlo de manera periodística, que tenga interés, que sea divertida y que no sea una página abstracta, complicada y que aleje al lector”, agrega sin dar pistas de cómo lograr esa transformación mágica.

Scriven suscribe lo anterior y encuadra esta situación en un proceso de cambio en las redacciones: “Antes el editor se sentaba y tenía que tomar una decisión sobre los cables que recibía, ahora tiene que producir la sección de otra manera. Cada vez se deben incluir más entradas distintas y hay que vender las páginas gráficamente. Hace siete u ocho años La Nación no ponía nunca una foto a seis columnas y ahora es lo común. Eso tiene que ver con competir con Internet y la televisión”. Sin embargo, pese a los esfuerzos de la redacción, los problemas no parecen ser solo de competencia.

Por un lugar en la agenda

“La política internacional no forma parte de la gran agenda de los temas nacionales y eso es un problema grave para los que la cubrimos en Argentina”, diagnostica Rodrigo Lloret tras 12 años examinando la temática en distintos medios. Según su opinión, “en EEUU, Europa y cada vez más en Brasil, los temas del mundo están instalados en los debates previos a las elecciones y pueden definirlas. Y eso no tiene que ver con el gobierno actual, sino con la sociedad argentina, y se puede ver en los portales de internet donde las noticias internacionales por lo general no rankean entre las primeras”.

Marcelo Falak entiende esta situación como un mayor desafío para los periodistas de la sección que deben asumir el compromiso de “explicar mejor y acercarle más los temas a la gente”. Paula Lugones coincide con el enfoque: “creo que nuestro objetivo es que la mayor cantidad de personas comprenda que lo que sucede en el mundo, tarde o temprano, nos impacta”.

Mientras tanto, el mundo sigue girando. Nacen y mueren más personas. Mañana el diario se publicará de nuevo y habrá que contarlo.

*Artículo publicado en la Zona Dura de Diario sobre diarios

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Los diarios porteños publicaron cientos de notas e informes sobre el escándalo en torno al ahora discontinuado periódico de Rupert Murdoch. Hubo una arista del caso, sin embargo, en la que pocos repararon: la relacionada con el órgano que existe en Inglaterra que se encarga de evitar desbordes por parte de los medios gráficos. El caso de las pinchaduras telefónicas evidenció una carencia en ese sistema de autorregulación. Qué dijeron políticos, periodistas, editores, sindicatos de prensa y empresas mediáticas al respecto. Todos los detalles de una entidad novedosa pero que podría ser parte de una estrategia de quienes deberían ser sus auditados: los medios de comunicación.

“No está funcionando, es ineficiente, carece de rigor y ha perdido la confianza de la gente”, sentenció David Cameron, Primer Ministro inglés durante una conferencia de prensa ofrecida el viernes 8 de julio de 2011. “Fue creada para ser un perro guardián, pero resultó ser un caniche toy sin dientes”,agregó ese mismo día Ed Miliband, miembro del Parlamento y líder del opositor Partido Laborista.
Aquel objeto de las críticas que logró la coincidencia de los centenarios partidos políticos británicos es la Comisión de Quejas sobre la Prensa, PCC por su nombre en inglés (Press Complaint Commission), el organismo que constituye la piedra angular del sistema de auto-regulación de los medios gráficos en el país. El motivo aducido: no había podido evitar ni detectar a tiempo las escuchas telefónicas realizadas por el diario News of the World, que dieron pie al escándalo público y posterior cierre del matutino del magnate Rupert Murdoch.

Horas después de estas declaraciones y de que Cameron convocara a una comisión investigadora para“esclarecer el caso de las escuchas; investigar la cultura, las prácticas y la ética de la prensa; y hacer sugerencias para un nuevo sistema de regulación”, la policía inglesa detuvo a Andy Coulson, ex director de Comunicaciones del Primer Ministro por su vinculación con el caso y dejó en evidencia una compleja trama de complicidades entre propietarios de medios, políticos y fuerzas de seguridad. ¿Por qué se acusa a la PCC? ¿Cómo funciona el sistema de auto-regulación de la prensa británica? ¿Cómo lo puede afectar este caso?

Diario sobre Diarios (DsD) comenta aquí uno de los aspectos menos abordados por los diarios porteños sobre el escándalo de las pinchaduras telefónicas: el rol del organismo de autorregulación de los medios. Una advertencia a los lectores: la mayoría del los links de este trabajo remiten a materiales en inglés, dado que es sumamente escaso lo disponible sobre este aspecto en español.

¿Cómo es la PCC?

La PCC es un órgano independiente del gobierno que tiene como objetivo garantizar la libertad de expresión y proteger los derechos de los individuos regulando la tarea de los editores de diarios. Su trabajo es responder a los reclamos que realiza el público que se siente perjudicado u ofendido por algún medio gráfico y mediar entre ambos procurando una resolución amistosa. La mayoría de las veces esta se expresa en la publicación de un pedido de disculpas por parte de la empresa editora o la rectificación del equívoco.

Sin embargo, la PCC no actúa ante cada reclamo, sino solo ante aquellos que la comisión considere que han violado algún artículo del “Código de prácticas para editores”, un documento que funciona simultáneamente como manual de estilo y código deontológico para la prensa. Sus 16 cláusulas procuran sentar los parámetros básicos que todo editor debe garantizar en cuanto a precisión, respeto de la privacidad, confidencialidad de la fuente, derecho a réplica y no discriminación; así como también avanzan en el establecimiento de criterios que los periodistas deben respetar para la cobertura de crímenes y de casos que involucran a niños o a víctimas de delitos sexuales; entre otras cuestiones que forman parte de la rutina laboral.

Sólo podrían publicarse noticias que vulneren algún artículo de este código si el editor es capaz de demostrar que el “interés público” de la cobertura lo justifica. Esto es, que a partir de ello fue posible la detección de un crimen, la protección de la seguridad o la salud pública y/o la prevención de un engaño.

La PCC se financia por medio del pago voluntario de un canon anual que hace la mayoría de los medios gráficos y su estructura está compuesta actualmente por 17 personas: siete editores de distintas publicaciones nacionales o regionales y diez sin vinculación alguna con los medios (figuras públicas, ex jueces, empresarios de medios audiovisuales o parlamentarios).

Todas estas medidas (código, autofinanciamiento e integración), resaltadas por la Comisión como pruebas de su independencia, no son suficientes para sus múltiples detractores que, desde veredas opuestas, solicitan mayor participación del Estado, o bien menor presencia de los propietarios de medios.

Un poco de historia

El sistema de autorregulación de la prensa se inició formalmente en 1953 con la conformación del Consejo General de la Prensa, un órgano integrado por representantes de la industria de diarios y revistas cuyo objetivo era garantizar la libertad de expresión, promover estándares éticos e indagar en las amenazas al derecho a la información. Seis años antes, una Comisión Real (tal es el nombre que recibe el grupo de personas elegido por el gobierno para estudiar un tema de relevancia pública) que se había creado como resultado de la presión ejercida por la Unión de Trabajadores de Prensa del Reino Unido había sugerido su puesta en funcionamiento. Sin embargo, esto sólo sucedió cuando las primeras voces en reclamo de un mayor control estatal empezaron a resonar con más fuerza.

En 1962, un informe de la II Comisión Real sobre la Prensa puso en duda su imparcialidad y amenazó nuevamente con promover legislación específica para su control. Ante esta coyuntura, el Consejo General cambió su nombre por Consejo de Prensa (Press Council) y propuso una nueva integración que incluía un 20 por ciento de miembros que no tuvieran vinculación alguna con las empresas informativas.

El lavado de cara no satisfizo a los detractores del sistema y en 1977 una III Comisión Real sobre la Prensa sugirió la creación de un código de conducta que estableciera parámetros claros para su accionar. El Consejo hizo caso omiso de la recomendación y su funcionamiento quedó desprestigiado aunque protegido por el gobierno conservador del momento. Así se mantuvo durante años hasta que en 1989, tras la presentación de varios proyectos parlamentarios que promovían sistemas de regulación estatal, una nueva comisión investigadora decidió dar otra oportunidad a la autorregulación y puso un plazo de 18 meses para demostrar su eficiencia. De lo contrario, se avanzaría en la creación de una legislación desde el parlamento.

La respuesta de la industria no se hizo esperar y en pocos meses se conformó la PCC, se diseñó un sistema de auto-financiamiento y se estableció el “Código de prácticas para editores”. Cumplidos los 18 meses, el informe de la comisión señaló que los resultados no fueron los esperados y recomendó el establecimiento de una regulación estatal. A pesar de ello, la PCC respaldada fundamentalmente por las grandes empresas informativas inglesas, se mantuvo en un frágil equilibrio hasta el día de hoy.

Código, Lady Di y después

Una de las principales modificaciones que sufrió el sistema de autorregulación inglés con la creación de la PCC fue la institución del “Código de prácticas de editores”. Diseñado y revisado anualmente por un comité integrado por representantes de 13 medios gráficos, su primera versión entró en vigencia en enero de 1991. El presidente de aquel comité fundacional fue precisamente el editor del recientemente cerrado News of the World.

Los cambios que se produjeron desde entonces sucedieron a coberturas que despertaron gran conmoción social y/o política y pusieron en duda su imparcialidad. Estas modificaciones, que sirvieron en cada momento como válvula de escape, se produjeron en su mayoría en los artículos referentes a la privacidad de las personas, al acoso por parte de la prensa y al uso de aparatos de espionaje, así como también apuntaron a precisar el concepto de interés público.

La muerte de la ex princesa Diana Spencer (mundialmente conocida como “Lady Di”) probablemente sea el ejemplo que mejor ilustre esta situación. El accidente de auto que le provocó la muerte a ella y a su pareja se produjo mientras varios paparazzi los perseguían a alta velocidad en un túnel de la ciudad de París en septiembre de 1997. Pocos días después, Charles Earl Spencer (hermano de Diana) hizo público su reclamo por una ley que reconociera a la privacidad como un derecho humano fundamental y que terminara con prácticas periodísticas como las que su hermana había vivido como una “tortura”.

La PCC reaccionó rápidamente y difundió un comunicado donde se comprometía a revisar su código con urgencia. En menos de tres meses realizó la mayor cantidad de modificaciones al código en su historia: amplió la definición de privacidad, prohibió la publicación de material obtenido mediante persecución o acoso a una persona, modificó el artículo que habla de la cobertura de noticias sensibles o dolorosas y sustituyó todos los “no debería” (should not) que figuraban en el código por “no debe”(must not), entre otros cambios. El status quo era salvado nuevamente.

En 2011, el sistema de autorregulación cumplió 58 años y la PCC, su actual organismo de control, veinte. En tono con la celebración, el Primer Ministro señaló en una entrevista con la BBC en mayo que era necesario “reconocer más su trabajo en los últimos años y acompañarla para que pueda garantizar el tipo de protección que la gente necesita”. Apenas dos meses después, el mismo Cameron señalaba su fin. ¿Cómo se llegó hasta ahí? ¿Cómo incidió el escándalo de las escuchas?

Un domingo cualquiera

“Gracias y hasta luego” fueron las palabras que eligió el diario inglés News of the World para despedirse de sus lectores el 10 de julio pasado. 168 años después de su primera edición, el diario dominical de mayor tirada (superaba los 2.600.000 ejemplares en mayo) y principal referente de la “prensa amarilla” en la isla, bajó su persiana definitivamente. Editado por la News Corporation, uno de los mayores conglomerados de medios en inglés propiedad de Rupert Murdoch, este diario se publicaba solamente los domingos en reemplazo de su famoso hermano “The Sun” y basaba su popularidad en noticias que involucraban a famosos y escandalizaban a sus lectores.

El comienzo de su fin se produjo en 2007, cuando la policía descubrió que un periodista de su diario había contratado a un detective privado para pinchar los teléfonos de tres asistentes del príncipe William y procurarse una primicia. Andy Coulson, editor del diario en el momento, declaró ante la justicia no saber nada al respecto y la investigación se cerró con las encarcelaciones de los dos implicados.

A pesar de su absolución judicial, Coulson igualmente renunció a su cargo y poco tiempo después aceptó el ofrecimiento del Partido Conservador para ser su Director de Comunicación (lugar desde donde luego acompañó a David Cameron al ser nombrado Primer Ministro).

Para julio de 2009, el temblor parecía haber pasado. Sin embargo, un artículo de Nick Davies publicado en The Guardian puso el tema nuevamente en el candelero. Su investigación citó fuentes policiales que mencionaron que el espionaje sobre los miembros de la realeza no se trató de un hecho aislado, sino que hubo miles de teléfonos pertenecientes a famosos que también habían sido pinchados. Según sus testimonios, algunas de las víctimas demandaron al diario y llegaron a un arreglo extrajudicial con la empresa propietaria, lo que indicó su reconocimiento de la situación.

Ante el nuevo escándalo, la PCC decidió tomar cartas en el asunto y llevó adelante una investigación.Ésta concluyó que la cobertura de The Guardian había sido exagerada y que no pudiendo dar fe de aquellas declaraciones que permanecían anónimas en sus artículos (por el principio de confidencialidad de la fuente), consideró que no había “pruebas concretas” que demostraran que había más implicados que los sindicados en 2007. De esta forma, la PCC exoneró al diario de Murdoch y descalificó a otro de sus integrantes provocando la renuncia de su editor al organismo. La suciedad se barrió bajo la alfombra.

Un año después, en septiembre de 2010, los periodistas Don Van Natta, Jo Becker y Graham Bowley del diario New York Times volvieron sobre el caso y difundieron la declaración de un ex periodista del News of the World que reconoció que el espionaje era un recurso utilizado comúnmente en la redacción del diario y que contaba con la anuencia de sus editores. Desde entonces, el tema fue ganando espacio en los medios británicos con nuevas revelaciones que impactaron en la opinión pública hasta la detención de Coulson. Dos días antes, el 6 de julio de 2011, la PCC emitió un comunicado donde se retractó de su actuación en 2009 y anunció el retiro simbólico de su informe.

Llegar tarde

El 20 de julio, Cameron anunció un panel de seis personas para acompañar al Juez de la Cámara de Apelaciones Lord Justice Levenson en la investigación que evaluará la situación de la prensa británica. Esta comisión (integrada por un ex comisario, un ex director del ente regulador de las comunicaciones de radiodifusión, la directora de una ONG dedicada a la defensa de los derechos civiles y otras personas con experiencia en medios de comunicación) deberá entregar un informe con recomendaciones en el plazo de un año.

Mientras el caso de las escuchas sumó un nuevo capítulo en las portadas de los diarios, en sus editoriales muchos pusieron la vista en el futuro del sistema de regulación. “David Cameron ahora pronuncia la muerte de PCC porque ésta no descubrió hechos que la propia MI5 (NdR: servicio de inteligencia inglés) obvió mencionarle cuando nombró a Andy Coulson como su Jefe de Prensa”, apuntó Peter Preston desde las páginas de The Guardian, diario al que dirigió durante 20 años y que fue clave en la denuncia de las escuchas de News of the World.

Murdoch es precisamente uno de los que Preston señaló como principales impulsores de la PCC en su conformación. “¿Quiénes podían temerle a posibles leyes que regulen los criterios de privacidad? Los diarios populares que veían buena parte de su mercado comprometido”, reflexionó.

“La libertad de prensa está mejor protegida cuando hay un sistema de auto-regulación respetado por todos. Cuando se debilita su credibilidad aumentan inevitablemente las presiones para que exista un control ejercido por el Estado” analizó en un comunicado la Unión Nacional de Trabajadores de Prensa del Reino Unido el 6 de julio de 2011, el mismo día que la PCC informó el inicio de un nuevo proceso de revisión completa de su código.

Mientras los editores de los medios gráficos que la integran parecieron insistir con la vieja receta, el sindicato pensó en otra sintonía: “es tiempo de abolir la PCC y crear un nuevo organismo que pueda defender el periodismo y el interés del público, no el de los propietarios de los medios”.

                                                                                                                                                          

La PCC en números

Para terminar de comprender la actuación de la PCC vale la pena echar un vistazo al últimoinforme anual de funcionamiento presentado a principios de 2011. En este se señaló que en todo 2010 la PCC recibió 1687 quejas: en el 88 por ciento de ellas se mencionaron imprecisiones en la cobertura de una noticia, en el 23 por ciento violación a la privacidad, en el 3,3 por ciento discriminación, en el 0,9 por ciento pinchadura de teléfonos, hackeo de mails o uso de cámaras ocultas; y en el 0,4 otras causas (NdR: la suma de porcentajes supera el cien por ciento debido a que algunas quejas contenían más de una denuncia de infracción al código).

La PCC juzgó que solo 750 (el 44,5 por ciento) merecían una reparación y actuó como mediador para ello. En 544 casos, llegó a un acuerdo satisfactorio para el denunciante. En 188, el denunciante no quedó satisfecho pero la Comisión consideró que la respuesta del medio estuvo acorde; y en 18 casos no obtuvieron respuesta favorable por parte de los medios.

Para leer más

PressInquiry.org: Blog dedicado a las novedades de la comisión investigadora sobre la prensa realizado por Full Fact, una asociación civil de periodismo que funciona como un observatorio para el chequeo de la información suministrada por los medios.
The Guardian: Todas las noticias vinculadas a la PCC publicadas por el diario inglés The Guardian.
Twitter: Lista de usuarios de Twitter vinculados con la discusión acerca del sistema de auto-regulación inglés y el proceso de audiencias públicas.

*Artículo publicado en la Zona Dura de Diario sobre diarios

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